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Juan de Dios Guevara / La crisis alimentaria (2 de 3)


La crisis alimentaria amenaza al mundo, y podría prolongarse varios años. Existe preocupación en América Latina ante el aumento del precio de los alimentos, millones de personas dependen de ayudas para poder comer. La crisis alimentaria mundial se agrava por la disminución de los suministros de fertilizantes Las sanciones a Rusia, la sequía y los recortes a las exportaciones contribuyen a una grave escasez de fertilizantes. Algunos países lo ven como oportunidad, ofreciendo gas y granos al mundo, o alentando la producción orgánica y cambiando su matriz de importaciones de fertilizantes. Alimentos orgánicos, una alternativa positiva, pero el cambio a agricultura ecológica es de largo aliento. Otros van contra los desperdicios de las cosechas, y algunos buscan sustitutos al trigo y al maíz, ante un alarmante aumento mundial de los controles gubernamentales a las exportaciones de alimentos, haciendo más notoria la escasez por reducción del suministro mundial, causando un aumento de los precios.


David Malpass Presidente del Grupo Banco Mundial, sostiene que un suministro de alimentos continuo beneficia a los ciudadanos de todos los países, las restricciones de circulación y las interrupciones en las cadenas de suministro elevaron los precios, dañaron los medios de vida rurales, y exacerbaron la inseguridad alimentaria, especialmente para los pobres, por lo que resalta la reciente promesa, del Grupo de los Siete (G-7: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. Además, la Unión Europea cuenta con representación política, y representan el 55% del PIB mundial, del 70% que representaban en el año de su creación, 1975), de no imponer prohibiciones a la exportación de alimentos y utilizar “todos los instrumentos y mecanismos de financiamiento”, -que los disponen-, para reforzar la seguridad alimentaria mundial.


La FAO considera que el número de personas que sufre inseguridad alimentaria aguda y requiere asistencia alimentaria urgente para salvar vidas y apoyo a los medios de vida sigue aumentando a un ritmo alarmante. En el Perú a causa de la pandemia unos 15,5 millones de peruanos quedaron en esa situación. Es decir, no pueden acceder a tres comidas diarias y llevar una vida activa y saludable. La estimación de la FAO es que el hambre siga extendiéndose. “Es de prever que la cifra ya esté aumentando porque la inflación de los precios de los alimentos es muy drástica en este momento” “La situación exige una acción conmensurable para avanzar hacia enfoques integrados de prevención, anticipación y mejor orientación para abordar de forma sostenible las causas profundas de las crisis alimentarias, como la pobreza rural estructural, la marginación, el crecimiento demográfico y la fragilidad de los sistemas alimentarios”.


El problema es grave, porque si no procuramos soluciones, las agitaciones sociales y políticas, generarán más inestabilidad, mayor cantidad de conflictos sociales, más pobreza, más hambre, todo un círculo vicioso. Para reforzar la seguridad alimentaria y nutricional a largo plazo, debemos mirar más allá de las soluciones a nivel nacional y buscar soluciones regionales e internacionales que tengan en cuenta las necesidades de las comunidades que viven en entornos marginales. Necesitamos de la ayuda internacional, por ser el país con más muertos por millón de personas, por el COVID 19, necesitamos de todas las capacidades nacionales, para sobrellevar esta crisis, con los mejores cuadros, del sector público, el privado, la Academia, los Colegios Profesionales, la sociedad civil organizada y la cooperación y asistencia técnica, nacional e internacional. Debemos priorizar la atención focalizada a grupos de riesgo, estudiantes, familias en la línea de pobreza, beneficiarios de programas sociales cuya situación ha empeorado primero con la pandemia y ahora con la inflación.


¿Qué hacer? El Perú tiene todas las capacidades para sobrellevar esta crisis, pero tiene que trabajar de manera técnica con los mejores cuadros, es decir el sector público y el privado en conjunto, con la Academia, la Cooperación Internacional, y la sociedad civil organizada. Este es un momento de solidaridad, y de oportunidades, si sabemos aprovechar, las inmensas opciones que nos otorgan nuestra biodiversidad, nuestra historia y nuestra privilegiada ubicación central en el Pacífico Sur, para enfrentar este momento difícil. Nuestro camino a ser país miembro de la OCDE, asegura contar con el apoyo para sistematizar procesos, organizarse productiva y competitivamente.


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