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Juan Pari / PetroperĂș y el modelo del fracaso inducido 

  • Juan Pari
  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

El PerĂș no llegĂł a su actual crisis energĂ©tica por casualidad. LlegĂł por decisiones polĂ­ticas concretas, tomadas hace mĂĄs de tres dĂ©cadas, que desarmaron al Estado en un sector estratĂ©gico sin construir una polĂ­tica energĂ©tica nacional. El resultado estĂĄ a la vista: dependencia externa, mercado concentrado, precios vulnerables y una empresa pĂșblica utilizada como chivo expiatorio.

 

En 1993, antes de la privatizaciĂłn impulsada por el fujimorismo, el paĂ­s producĂ­a 135,777 barriles diarios de petrĂłleo. PetroperĂș no era una empresa residual: tenĂ­a 10 contratos de explotaciĂłn y 9 de exploraciĂłn, lo que le permitĂ­a participar directamente en la producciĂłn, planificar a largo plazo y articular una visiĂłn estratĂ©gica del sector. Hoy, el PerĂș produce apenas 45 mil barriles diarios, de los cuales alrededor de 25 mil se exportan a Brasil, mientras la demanda interna se acerca a los 232 mil barriles diarios (OSINERGMIN JUNIO 2025). La brecha se cubre con importaciones.

 

El problema no es que el PerĂș importe petrĂłleo. El problema es cĂłmo lo importa.

El Estado peruano, a travĂ©s de PetroperĂș, compra petrĂłleo cada tres o cuatro dĂ­as, en volĂșmenes pequeños, provenientes de Ecuador, Colombia y Estados Unidos. Sin embargo, no se lo compra directamente a esos paĂ­ses. El crudo se adquiere a empresas domiciliadas en Singapur, Suiza o Bahamas.

 

-       Estas empresas no producen petróleo. Son traders, intermediarios financieros y comerciales. Todos intermedian. Todos encarecen el barril. Cada eslabón adicional aumenta el costo del insumo principal de la refinería.

-       El PerĂș no realiza convenios de Estado a Estado,

-       no firma contratos de refinería a refinería,

-       no compra a escala ni a largo plazo.

-       Prefiere, o se le obliga a preferir, un modelo de compras fragmentadas, spot y altamente intermediadas.

 

Una refinerĂ­a obligada a perder

El resultado es predecible: la refinerĂ­a opera con petrĂłleo caro. Y una refinerĂ­a que compra caro no puede ser rentable, aquĂ­ ni en ningĂșn paĂ­s del mundo.

 

AsĂ­ se hace fracasar a cualquier empresa. No por incapacidad tĂ©cnica, no por falta de mercado, sino por un modelo de compras diseñado para perder. Luego, cuando los nĂșmeros no cierran, aparece el argumento conocido: “PetroperĂș no es viable”. Pero ninguna refinerĂ­a es viable si se la obliga a comprar su principal insumo a sobreprecio permanente.

 

Esto no es un error. Es un modelo. Un modelo que favorece a los intermediarios, debilita al Estado y condena al país a una dependencia energética crónica.

 

ConcentraciĂłn privada y ausencia de ancla pĂșblica

Mientras PetroperĂș opera debilitada, el mercado se concentra. Empresas como Repsol, Primax, Valero controlan hoy alrededor del 70 % del mercado de combustibles. No se trata de demonizar al sector privado, sino de reconocer una realidad: sin una empresa pĂșblica fuerte, no existe ancla que limite a una posiciĂłn de dominio en el mercado de combustibles, ni proteja la seguridad energĂ©tica del paĂ­s.

 

Este esquema conduce a un desenlace conocido: hacer fracasar a la empresa pĂșblica para luego usar ese fracaso como excusa para privatizarla, Se la obliga a comprar caro, se la debilita financieramente, y luego se presenta la privatizaciĂłn como soluciĂłn inevitable.

 

El Decreto de Urgencia 010-2025: administrar el colapso

En este contexto, el Decreto de Urgencia 010-2025 reconoce que PetroperĂș estĂĄ en una situaciĂłn crĂ­tica. Pero responde mal al problema. Admite la falta de liquidez y solvencia, pero propone una salida puramente financiera: fragmentar activos, priorizar pagos y retirar la conducciĂłn estratĂ©gica de la empresa para entregarla a PROINVERSIÓN, una entidad sin experiencia en el negocio petrolero. No hay una sola lĂ­nea sobre cĂłmo:

 

  • reducir la dependencia energĂ©tica,

  • comprar mejor el petrĂłleo,

  • eliminar intermediarios,

  • o garantizar el abastecimiento de largo plazo.

 

Eso no es una soluciĂłn. Es administrar el colapso.

 

ConclusiĂłn

El problema de PetroperĂș no es financiero. Es estructural y polĂ­tico. Mientras el PerĂș no cambie el modelo de compras, no recupere una polĂ­tica energĂ©tica y no entienda que la energĂ­a es un asunto de soberanĂ­a y no solo de contabilidad, cualquier rescate serĂĄ un parche y cualquier privatizaciĂłn serĂĄ una renuncia.

 

No se trata de salvar una empresa. Se trata de decidir si el paĂ­s seguirĂĄ comprando energĂ­a para perder, o si estĂĄ dispuesto, por fin, a gobernarla.


 

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