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Julio Schiappa Pietra / La Candelaria de Puno 

  • Julio Schiappa Pietra
  • hace 1 hora
  • 3 Min. de lectura

La Candelaria de Puno Modelo de Gestión Cultural Viva

La Festividad de la Virgen de la Candelaria en Puno no es solo el evento folclórico más importante del Perú; es, en esencia, un sofisticado modelo de gestión cultural comunitaria que desafía las lógicas tradicionales de la administración pública. Mientras que en muchas latitudes la cultura depende de subsidios estatales o mecenazgos corporativos, en el Altiplano peruano la cultura se gestiona desde el "ayllu" moderno: una red de asociaciones, hermandades y conjuntos de danza que autofinancian y organizan una logística que moviliza a cientos de miles de personas. Este fenómeno, reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, demuestra que la identidad puede ser el activo económico más resiliente de una región.

 

El "Modelo Puno" se sostiene sobre la base de la reciprocidad y la fe, pero analizado con rigor técnico, revela una estructura de microfinanzas y logística envidiable. Cada conjunto de danza —desde la elegancia de la Morenada hasta la fuerza de la Diablada— funciona como una unidad de gestión independiente que planifica durante todo el año la confección de trajes, los ensayos musicales y la seguridad de sus miembros. Sin embargo, para que este esfuerzo orgánico trascienda y se convierta en un pilar de desarrollo regional sostenible, es necesario observar cómo otras ciudades de América Latina han logrado institucionalizar sus tradiciones sin asfixiar su esencia popular.

 

Un referente ineludible es el Carnaval de Barranquilla en Colombia. Al igual que Puno, Barranquilla posee una tradición que brota de los barrios, pero han dado un paso hacia la formalización mediante la creación de una entidad mixta que coordina la inversión privada con la salvaguardia del patrimonio. En Barranquilla, la gestión cultural no se detiene en el desfile; se extiende a la creación de fábricas de carrozas y escuelas de artesanos que operan todo el año, garantizando que el impacto económico sea constante y no estacional. Este enfoque permitiría a Puno, por ejemplo, desarrollar una industria textil de exportación basada en los bordados de los trajes de luces, elevando la artesanía local a niveles de diseño internacional.

 

Por otro lado, la experiencia de Medellín ofrece una lección sobre el "Urbanismo Social" aplicado a la cultura. Medellín entendió que los grandes eventos y el patrimonio necesitan una ciudad que los soporte. A través de la recuperación de espacios públicos y la mejora de la infraestructura de transporte, la ciudad colombiana facilitó que sus festivales se desarrollaran en entornos seguros y ordenados. Para Puno, esto se traduce en un reto de ingeniería y gestión urbana: la Candelaria demanda una ciudad con servicios de saneamiento optimizados, un malecón del Titicaca recuperado y una conectividad que permita al turista —y al propio puneño— disfrutar de la danza sin las fricciones de un urbanismo colapsado.

 

En conclusión, el éxito de la Candelaria reside en su fuerza social, pero su futuro depende de una visión de gestión que integre esta energía con una planificación técnica moderna. Si logramos combinar la capacidad organizativa de los conjuntos puneños con la eficiencia institucional de casos como Barranquilla o la visión urbana de Medellín, Puno no solo será la Capital del Folclore, sino el centro de un nodo de desarrollo cultural y turístico sin precedentes en el sur andino. El desafío para los próximos años es dotar a esta fe inquebrantable de una infraestructura a la altura de su grandeza.

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