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Julio Schiappa Pietra / No tener miedo al cambio

El cambio social es muy difícil, es peor que entrenar a la Selección, el factor humano es decisivo. Las autoridades elegidas por el pueblo deben tener como prioridad tareas de desarrollo humano y ceder la administración de las cosas a la burocracia profesional. Esta en los mejores libros de la administración publica moderna desde hace 20 años. En el Perú muy pocos gestores públicos entienden la esencia de la vida de la gente y se dedican a construir fierro y cemento. Error. El cambio cultural puede ser más decisivo que parchar una pista.


La Agenda del Cambio de nuestro país tiene que empezar por una revolución en el modo de pensar, que reforme los usos y costumbres en la conducta de cada peruano. Sobre todo, de las autoridades. La idea es poner en el centro a la comunidad y el bien común. Unos cuantos ejemplos ilustran los cambios que deben producirse.


Los funcionarios elegidos por votación popular, no tienen la tradición de atender al ciudadano. Empezando por consejeros y Presidentes Regionales, Alcaldes y regidores municipales o Congresistas. La llamada “agenda oficial” no centra atención en prioridades de comunidades o grupos mas pequeños, o, individuos con aportes significativos a la sociedad (educadores, lideres de causas sociales, de la mujer, artistas, científicos, especialistas, médicos jubilados). El cambio cultural consiste en una radical transformación de prioridades: todas las autoridades elegidas deben tener una agenda para grupos de interés, proyectos de desarrollo humano, acciones de mejora de la calidad de vida. Deberían ceder a los Gerentes Públicos todas las gestiones de obras y administración del día a día. Esa agenda prioritaria del desarrollo humano de su comunidad priorizaría temas como educación, salud, seguridad, medio ambiente, recreación, cuidados, entre decenas de otras obras de transformación de los seres humanos y su entorno.


En el caso de los Congresistas, una reforma cultural profunda los debería llevar a ser gestores del cambio y no meros conservadores de la verdad legal, resultando en un cambio total de paradigmas. Primero el ciudadano, después las leyes o el interés político inmediato. Para empezar a cambiar la venenosa relación que hoy tienen con los representados, su tiempo debe estar dividido 50% para la función de representación y contacto con la población, y 50% para legislar o fiscalizar. Esto es, deben residir en sus distritos electorales de origen y el tiempo indispensable en Lima. Para consultar las leyes y canalizar demandas de los pueblos y regiones. El público es su objetivo y no vivir una vida privilegiada como una casta alejada de la gente.


Igual ocurre en todos los ámbitos de la vida del estado, los funcionarios públicos viven con una agenda que no es la de los que les pagan el sueldo. Hay que derribar paradigmas y no tener miedo al cambio.


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